¿Quién le hizo qué a quién?
defectuoso y no tiene manera de representar la información que
surge de la conversación sobre la detención y la tortura. Desde
luego, la entrevistadora puede escribir esta información adicional
en un espacio para apuntes, o anotarlo al reverso de la página. Sin
embargo, la información recaudada de una manera tan arbitraria
no puede ser comparable de un entrevistador a otro. Los
procesadores de datos que vienen después de los entrevistadores
en el proceso de manejo de la información no tendrán manera de
saber si todos los entrevistadores preguntaron sobre los dos tipos
de violación que no se mencionan en el único espacio disponible.
Así, es imposible comparar la rica información de esta entrevista
con la escasa información en las entrevistas más formales. La
información anotada en los márgenes de la página resulta inservible
para cualquier fin, excepto como observaciones anecdóticas sobre
este caso en particular.
Así, la forma misma del cuestionario determina lo que la
organización puede saber. El ejemplo del párrafo anterior comenzó
con un problema en torno a qué tan completa puede ser la
información: la entrevistadora no pudo representar en el
cuestionario toda la información que la organización va a necesitar
para su análisis. Cuando la entrevistadora intentó resolver el
problema de manera improvisada, creó un problema de
comparabilidad porque la organización no puede estar segura que
cada entrevistador haya creado la misma solución improvisada.
Cada paso del sistema de manejo de información tiene trampas
similares. Los procesadores de datos ven sólo la parte del testimonio
del deponente que se representa en el cuestionario. El personal de
digitación de datos solo ve la parte del cuestionario representada
en la codificación con vocabulario controlado. Y los analistas de
datos que interpretan los informes sólo ven las partes de las bases
de datos que se reducen a tablas, gráficas y resúmenes de casos;
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