1. Mantener un inventario. Los desplazamientos de materiales van a ser constantes
durante el proceso y, manejando grandes volúmenes de documentos, corremos el
riesgo de que alguno acabe extraviado. Reflejar el flujo de documentos con un
inventario sencillo que muestre cuándo los materiales se sacaron y se devolvieron a
su lugar de origen puede ser de gran ayuda.
2. Localizar los archivos físicos en su ubicación, sacarlos de las cajas o archivadores (si
procede) y llevarlos a la mesa de trabajo.
3. Preparar los materiales: quitar grapas, sacar de fundas acrílicas, deshacer dobleces,
limpiar polvo, desencuadernar, etc.
4. Cargar la bandeja alimentadora. Antes de cargar, revisa si los materiales deben ser
escaneados por una o por ambas caras y configura el equipo para ello. Verifica
también la carga máxima de la bandeja alimentadora y la posición correcta de los
materiales.
5. Escaneado. Decide si vas a realizar un escaneo página a página (cada una generará
un archivo independiente) o de un documento completo (un solo archivo con varias
páginas). Comprueba una vez más que los parámetros del escáner son los correctos
para el tipo de documento.
6. Nombre y descripción del archivo digital mediante metadatos. Cuando el
documento ha sido escaneado y figura en la computadora es el momento de
nombrarlo y describirlo según los criterios establecidos. En caso de que el archivo
físico y digital se vayan a mantener, es frecuente que uno de los campos de
descripción del archivo digital incluya una referencia a la ubicación del archivo físico
original. Este paso es previo a la carga de los documentos digitalizados en una base
de datos, que corresponde a una etapa posterior.
7. Recolocación del material físico en su lugar de origen. Si pretendes conservar tus
archivos a largo plazo, es mejor no volver a colocar grapas y clips metálicos, ya que
con el tiempo se oxidan y dañan el papel. Cuando los materiales hayan sido
devueltos, asegúrate de indicarlo en el inventario.
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