¿Quién le hizo qué a quién?
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Existen dos grandes retos en la recolección de información: evitar
sesgos y maximizar la cobertura del universo. Estos conceptos se
describen en los próximos dos párrafos.
Primero, la organización debe asegurarse de que toda la
información que se recaude sea sin sesgos. “Sin sesgos” en este
sentido no quiere decir que la información se recaude siguiendo
algunas reglas supuestamente objetivas. Más bien, quiere decir, por
ejemplo, que todos los entrevistadores formulen las mismas
preguntas y éstas puedan así compararse unas con otras. Si algún
entrevistador omite formular ciertas preguntas, esas entrevistas
tendrán un sesgo frente a los resultados que hubieran producido
las preguntas que se omitieron. Si la información no se recauda
sistemáticamente y de acuerdo con reglas entendidas por todos,
entonces el análisis demostrará tendencias que reflejan las
diferencias en las técnicas de recolección y no las verdaderas
diferencias en la realidad de los derechos humanos. Evitar los sesgos
significa entonces que cualquier entrevista pueda ser comparada
sin problema con cualquier otra entrevista.
Por ejemplo, pensemos en el problema que puede surgir de las
entrevistas sesgadas. Imagínese, por ejemplo, que la organización
plantea la hipótesis que la represión se dirigió contra ciertos tipos
de activistas políticos. Para abordar esta hipótesis, el cuestionario
de la entrevista incluye una sección sobre las actividades políticas
de las víctimas. Sin embargo, algunos entrevistadores se sienten
incómodos preguntándoles a las personas su afiliación política, por
lo que deciden no formular tales preguntas. Posteriormente, cuando
las personas en el sistema de manejo de información analizan los
cuestionarios, las secciones en blanco sobre las actividades políticas
– aquellas que los entrevistadores incómodos omitieron – implican
que esas víctimas no tenían afiliación. Observe que la organización
no tiene idea si esas víctimas tenían o no afiliación política. Sin