¿Quién le hizo qué a quién?
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Pero en la situación política de ese momento, los oficiales
del ejército optaron por reaccionar de manera diferente.
Frente a la publicación de dichas tablas, los Generales René
Emilio Ponce y Juan Orlando Zepeda, Ministro y ViceMinistro de Defensa respectivamente, demandaron a la
CDHES por difamación el 3 de diciembre de 1992. A
mediados de marzo de 1993, doce oficiales más se habían
unido a la demanda. El pleito fue cosa seria. Se hicieron
acusaciones personales contra tres miembros de la CDHES
y otros seis líderes de la federación sindical UNTS. Si se les
declaraba culpables, tendrían que ir a la cárcel. El 18 de
diciembre de 1992 los demandantes exigieron que las cortes
ordenaran la detención de los acusados. Las cortes se negaron
a hacerlo.
La CDHES llegó al tribunal con informes que explicaban
cómo se habían calculado las estadísticas. El 8 de diciembre
de 1992 llevaron también los cerca de 164 affidávits tomados
durante la guerra en apoyo a las declaraciones sobre 500
violaciones de derechos humanos de diversa índole contra
Ponce y Zepeda, los dos primeros demandantes. La CDHES
mantuvo, no que esos affidávits constituyeran prueba de que
los generales habían cometido los crímenes en cuestión, sino
que si la corte los investigara, encontraría que los crímenes
sí habían sido perpetrados. Según la Constitución de El
Salvador, es responsabilidad de la corte investigar los casos.
La corte se negó a investigar, y se negó una vez más tras una
nueva solicitud el 11 de febrero de 1993.
Pero entonces cambió la corriente. En medio de una
tempestad de acusaciones por parte de la derecha, la
Comisión de la Verdad de Naciones Unidas publicó su
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