¿Quién le hizo qué a quién? al mismo tiempo. Y de hecho, mucha violencia política se dirige a grupos: pueblos enteros, sindicatos y organizaciones campesinas son a menudo el blanco de la represión. Las masacres, las detenciones masivas y los allanamientos destructivos de las oficinas de las organizaciones están entre los tipos de ataques más comunes. Para comprender los casos masivos, no se puede dividir a las víctimas por lotes entre casos individuales inconexos. Mejor, los ataques contra todas las víctimas, identificadas o no, deben mantenerse conceptualmente juntos como partes de un solo caso mientras que, al mismo tiempo, todas las historias individuales se organizan según la persona que las aportó. Si no se mantienen juntas las representaciones de violaciones que ocurrieron a víctimas colectivas en un solo episodio, entonces el análisis posterior de ese episodio resultará en muchos casos individuales inconexos. Habremos perdido la coherencia del episodio masivo y, por ende, habremos eliminado la posibilidad de analizar la diferencia entre la violencia con un blanco específico y la violencia indiscriminada. De igual manera, la información sobre cada uno de los hechos violentos cometidos contra cada víctima debe mantenerse en una secuencia de relaciones que tenga sentido. Si una persona fue detenida y torturada, la información sobre cómo fue torturada debe mantenerse vinculada de alguna manera con la información sobre su detención. Pero la regla de “basura entra, basura sale” también se relaciona con la base de datos. Si la información que entra en la base de datos es en sí misma confusa y ha sido inadecuadamente organizada con técnicas de recolección deficientes, ninguna base de datos, por sofisticada sea, será de utilidad. Y lo contrario también es cierto: si una organización recauda una masa de datos de entrevistas e investigaciones muy detallada y la consigna en una base de datos mal diseñada, los informes generados por computador reflejarán 19

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