¿Quién le hizo qué a quién? lo explica de manera muy didáctica este libro. Este sistema le permite al usuario “comprender y utilizar la información”. Además destaca que este proceso es un trabajo institucional y no un trabajo solitario del ingeniero o del encargado de una base de datos. La otra reflexión primordial que promueve este texto es sobre la responsabilidad que tienen las entidades que recogen testimonios, historias de vida o cualquier otra información sobre violaciones a derechos humanos con sus fuentes y con las víctimas. ¿Quién no se ha encontrado en una situación en la que la información se pierde con la persona que se va de una organización o en la que las notas se pierden? Otra situación, relatada por el autor –ciertamente más extrema pero real-, involucra a una colonia de hormigas comiéndose el papel sobre el cual se han recopilado durante años testimonios de miles de personas. Preservar la memoria institucional; evitar que estos pedazos de vida, tan duramente contados y recogidos, se pierdan; y ser capaz de comprender y ser fiel a la complejidad de estas realidades, son preocupaciones que cualquier entidad de derechos humanos debería tener. La puesta en marcha de un sistema de información es un camino para alcanzar esos objetivos. ¿Quién le hizo qué a quién? no es un libro que concierne e interesa solamente a los técnicos. Sus recomendaciones deberían servir de guías para repensar el trabajo de monitoreo de los derechos humanos. Ojalá este trabajo pueda ser leído, comprendido y aprovechado por muchas personas y entidades. Françoise Roth Corporación Punto de Vista Bogotá, 11 de abril de 2008 14

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